¿Berrinche o trastorno?


Grita, pega, patalea a cada rato, en ocasiones su mal humor nos estresa como padres y se nota que ni el mismo niño se puede controlar.

Con la salida del DSM5 (Manual Diagnostico y estadístico de los trastornos mentales), muchas polémicas se han disparado en el mundo de la salud mental, porque se ha puesto nombre y apellido a los berrinches, ahora Trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo (DDEA). La Asociación Estadounidense de Psicología (APA) dice “con el nuevo trastorno se espera combatir el error de diagnosticar a los niños con trastorno bipolar y tratarlos innecesariamente con potentes medicamentos”. No se esta creando una nueva enfermedad infantil, sencillamente se esta delimitando patrones de conductas específicas que antes se etiquetaban dentro de la depresión, bipolar, trastornos de conducta o el más común: hiperactividad.

Diagnóstico, etiqueta o parte del desarrollo

Hacer un diagnóstico no es solo hacer un checklist y decir tiene “trastorno tal…”. Son los profesionales idóneos en el campo de la salud mental quienes hacen un diagnóstico en base a su conocimiento y experiencia.

Según el DSM5 un “trastorno mental es un síndrome caracterizado por una alteración clínicamente significativa del estado cognitivo, la regulación emocional o el comportamiento de un individuo, que refleja una disfunción de los procesos psicológicos, biológicos o del desarrollo que subyacen en su función mental” Entonces partamos de clínicamente significativa, porque un diagnostico debe tener una utilidad clínica es decir poder determinar un pronóstico, planes de tratamientos y posibles resultados del tratamiento.

Aclaremos este trastorno no es un berrinche más o una simple rabieta, son episodios contantes de irritabilidad, pataletas desproporcionadas y una casi ausencia de tolerancia a la frustración. Entonces un berrinche puede ser algo “normal”, ya que alrededor de los 2 a 5 años el niño está aprendiendo a conocer sus emociones, por ejemplo: algunos niños pueden hacer una pataleta por un chocolate en el supermercado, pero un niño con DDAE reaccionará desproporcionadamente ante una situación y el ánimo persistente que lo acompaña es negativo.

Los criterios diagnósticos (DSM5):

  • Episodios de Cólera graves y recurrentes que se manifiestan verbalmente y/o con el comportamiento, cuya intensidad o duración son desproporcionadas a la situación o provocación.
  • Los episodios de cólera no concuerdan con el grado de desarrollo del menor.
  • Los episodios de cólera se producen (en promedio) tres veces por semana.
  • El estado de ánimo entre los episodios es persistentemente irritable o irascible la mayor parte del día, casi toda la semana y es observable por otras personas (maestros, padres y amigos).
  • Los episodios de cólera grave y estado de animo se han presentado durante al menos 12 o más meses.
  • Los episodios de cólera grave y estado de animo se observan en al menos dos contextos distintos (casa, escuela, lugares de recreación).
  • Antes de los 6 años NO SE PUEDE DIAGNOSTICAR, ni después de los 18 años.
  • Por la historia clínica y/o la observación los episodios de cólera grave, estado de animo y duración inician antes de los 10 años.

Este trastorno impacta en la dinámica familiar, porque los padres se pueden sentir desorientados e impotentes, ya que no logran controlar a sus hijos. Por eso, no es extraño que pierdan la paciencia y apliquen castigos poco adecuados, que puede provocar una conducta más desafiante y oposicionista en el menor. Para estas familias el niño puede convertirse en un emperador y como padres preferimos correr gustos y antojos antes de ver una cólera de nuestro hijo.

Padres, madres y abuelos no hagan diagnósticos web de sus hijos “busquen ayuda profesional”. En ocasiones podemos creer que ser más estricto puede funcionar y lo que hace es empeorar la conducta del menor, por otro lado el ser más pasivo puede hacer que el niño manipule la situación.

Reflexionemos, aquí los extremos no funcionan, por eso debemos utilizar una disciplina positiva basada en el respeto, apego seguro y apoyo de la dinámica familiar.

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