La atención también se mueve @psicdv

La atención también se mueve

Un niño mueve las piernas mientras hace la tarea. Cambia de posición varias veces, juega con el lápiz, se estira y, al poco tiempo, vuelve a levantarse. Desde afuera, la interpretación suele aparecer rápidamente: “se está distrayendo”.

Es comprensible. Durante mucho tiempo hemos asociado prestar atención con permanecer sentado, mirar hacia adelante y mantener el cuerpo quieto. Sin embargo, movimiento y distracción no siempre significan lo mismo. El cuerpo también participa en la manera en que regulamos nuestro nivel de activación y nos mantenemos disponibles para una actividad.

Basta pensar en nosotros mismos. Cuando llevamos mucho tiempo trabajando frente a una computadora, leyendo o participando en una reunión, rara vez permanecemos completamente inmóviles. Cruzamos las piernas, cambiamos de postura, nos estiramos, caminamos por un momento o buscamos agua. Podemos hacer todo esto y continuar involucrados mentalmente en lo que estábamos haciendo.

En los niños ocurre algo parecido, aunque muchas veces su necesidad de movimiento es más evidente y todavía están aprendiendo a reconocerla y regularla.

Atención, activación y movimiento

Para sostener la atención, el cerebro necesita encontrarse en un nivel de activación adecuado. Cuando estamos demasiado cansados o somnolientos, concentrarnos puede resultar difícil. También puede ser complicado cuando estamos excesivamente inquietos, tensos o sobrecargados. La atención, por tanto, no depende únicamente de la intención de “poner atención”.

El movimiento puede modificar ese estado corporal y, en determinados momentos, ayudar a recuperar las condiciones necesarias para continuar con una tarea. Por eso, cuando un niño comienza a perder el foco después de permanecer sentado durante un periodo prolongado, levantarse brevemente, cambiar de postura o realizar algún movimiento no tiene por qué representar necesariamente una interrupción del aprendizaje.

Esta es también la lógica detrás de las llamadas movement breaks o pausas de movimiento. El material 101 Tips for Adulting with ADHD, por ejemplo, propone introducir una pausa de movimiento cuando comienza a perderse el foco y menciona actividades sencillas como estirarse, hacer saltos o trotar en el mismo lugar.

En el trabajo con niños y adolescentes también se han propuesto pequeñas oportunidades de actividad dentro de la jornada. El manual ADHD: Non-Medication Treatments and Skills for Children and Teens, de Debra Burdick, recoge estrategias de ejercicio y pausas breves de actividad física e incluso plantea considerar este tipo de “exercise/brain breaks” durante el día escolar.

Esto no significa que exista un movimiento específico que funcione para todos los niños ni que cada vez que un niño se levante debamos asumir que está intentando regular su atención. Tampoco significa que más movimiento produzca automáticamente más concentración. La relación entre movimiento, activación y atención depende del niño, de la actividad y del momento.

¿Qué puede verse en la vida cotidiana?

A veces hablamos de movimiento y pensamos inmediatamente en correr o hacer ejercicio, pero puede ser mucho más sencillo. Un niño puede cambiar de postura, estirarse, levantarse durante un momento o realizar una pausa breve antes de continuar.

En casa, por ejemplo, podemos observar que después de varios minutos haciendo tareas empieza a moverse cada vez más, deja de avanzar y necesita que le repitan constantemente lo que debe hacer. En lugar de insistir inmediatamente con “siéntate” o “concéntrate”, puede ser útil probar una pausa breve de movimiento y observar qué ocurre cuando regresa.

La pregunta importante no es solamente si se movió. También importa qué sucede después.

¿Regresa con mayor disposición? ¿Puede continuar la actividad? ¿Necesita menos recordatorios? ¿El movimiento parece ayudarlo o termina alejándolo todavía más de la tarea?

Observar esas diferencias permite utilizar el movimiento con una intención, en lugar de convertirlo automáticamente en algo que debe detenerse.

¿Y en la escuela?

Este punto es especialmente importante porque muchas veces el movimiento ocurre precisamente en contextos donde esperamos que los niños permanezcan sentados durante periodos prolongados.

Incorporarlo no necesariamente significa permitir que un estudiante camine libremente por el salón mientras los demás trabajan. Puede implicar oportunidades breves y estructuradas para cambiar de postura, levantarse, realizar una transición activa entre actividades o participar en pequeñas pausas de movimiento.

Algunos programas escolares han utilizado precisamente breves periodos de actividad dentro de la jornada. El manual de Burdick describe propuestas que van desde aproximadamente dos minutos de actividad hasta periodos más largos integrados durante el día escolar.

Lo importante es no convertir la quietud en la única señal de que un niño está aprendiendo.

Un estudiante puede estar completamente sentado y haberse desconectado de la explicación hace varios minutos. Otro puede mover una pierna, cambiar de posición y continuar siguiendo lo que ocurre.

Por eso, antes de corregir el movimiento, conviene observar también la atención y el desempeño.

No se trata de elegir entre movimiento o atención

Quizá este sea el cambio de mirada más importante.

No necesitamos asumir que un niño debe permanecer completamente quieto para demostrar que está concentrado. Pero tampoco necesitamos convertir cada movimiento en una estrategia terapéutica.

Podemos empezar por reconocer algo más sencillo: estar quieto no siempre significa estar atento y moverse no siempre significa haberse desconectado.

Cuando entendemos esa diferencia, dejamos de medir la atención únicamente por cómo se ve el cuerpo y comenzamos a observar algo más importante: si el niño puede participar, regresar a la actividad, sostener el esfuerzo y aprender.

La meta no siempre es la quietud.

La meta es que el niño pueda concentrarse y aprender.

Y a veces, el movimiento forma parte de ese camino.

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Dimas E. Villarreal P.

⚡️Psicólogo Clínico de niños y adolescentes/ Terapeuta
🖍Psicopedagogo
🤖Terapia de Juego
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