23 Jun Cuando los niños juegan a ser otros
Imagina que por unos minutos tu hijo se convierte en mamá. Cruza los brazos, cambia el tono de voz y dice:
—“Apúrate que vamos tarde.”
O quizás toma el papel de su maestro, de un hermano o incluso de su mejor amigo.
A simple vista parece un juego más.
Sin embargo, desde la psicología del desarrollo sabemos que está ocurriendo algo importante. Los niños no juegan únicamente para entretenerse. También juegan para comprender el mundo que los rodea.
Cuando un niño juega a ser otra persona está intentando entender cómo piensan, sienten y actúan los demás. Y aunque no siempre lo notemos, ese proceso es una parte fundamental de su desarrollo emocional y social.
El juego como laboratorio social
A medida que crecen, los niños intentan descubrir cómo funcionan las relaciones. Quieren entender por qué las personas reaccionan de ciertas maneras, qué esperan de ellos y qué ocurre en la mente de quienes los rodean.
Una de las herramientas más poderosas para lograrlo es el juego simbólico.
Cuando un niño juega a ser mamá, papá, un maestro o un amigo, no solo está copiando conductas. Está ensayando perspectivas. Está probando cómo podría sentirse estar en el lugar de otra persona.
En cierto sentido, el juego se convierte en un laboratorio donde puede explorar el mundo social con libertad y sin consecuencias reales.
Cuando los niños representan a mamá o papá
Muchos padres se sorprenden cuando escuchan a sus hijos recrear conversaciones familiares durante el juego.
A veces repiten frases casi idénticas a las que escuchan en casa. Otras veces exageran situaciones o muestran emociones que nunca habían expresado directamente.
Esto no significa que estén juzgando a sus padres.
Con frecuencia significa algo mucho más sencillo: están intentando organizar su experiencia.
El juego les permite tomar aquello que observan, sienten o viven y darle sentido. Por eso, cuando prestamos atención a estas representaciones, a veces obtenemos una pequeña ventana para comprender cómo el niño está percibiendo sus relaciones más importantes.
Más allá de la empatía
En psicología existe un concepto llamado toma de perspectiva. Se refiere a la capacidad de comprender que otras personas pueden tener pensamientos, emociones, deseos y preocupaciones diferentes a los propios.
Otro concepto relacionado es la mentalización, que implica intentar entender qué puede estar ocurriendo en la mente de otra persona.
Estas habilidades no aparecen de un día para otro. Se desarrollan progresivamente a través de las experiencias cotidianas, las conversaciones y, por supuesto, el juego.
Cada vez que un niño intenta representar a otra persona está practicando estas capacidades. Está haciendo el esfuerzo de mirar el mundo desde otro lugar.
Tres formas de jugar con las perspectivas en casa
La silla del otro
Coloquen dos sillas frente a frente. Durante unos minutos el niño puede ser mamá o papá y el adulto puede representar al niño.
Por ejemplo:
—“Ahora soy tú cuando llega la hora de hacer tareas.”
La intención no es corregir ni debatir quién tiene razón. La intención es comprender cómo cada uno percibe la situación.
Un día siendo tú
Pregúntale:
—“¿Cómo crees que es un día siendo mamá?”
Luego responde:
—“¿Y cómo crees que es un día siendo tú?”
La conversación puede girar alrededor de lo que resulta divertido, difícil, cansado o preocupante para cada uno.
Muchas veces aparecen perspectivas que nunca habían sido conversadas.
La entrevista imposible
El niño se convierte en entrevistador y el adulto responde como si fuera el niño. Después intercambian los roles.
Algunas preguntas pueden ser:
- ¿Qué te pone nervioso?
- ¿Qué te gustaría que entendieran de ti?
- ¿Qué es lo más difícil de tu día?
- ¿Qué te hace sentir orgulloso?
Responder desde el lugar del otro suele abrir conversaciones muy distintas a las que surgen con preguntas directas.
Más que un juego
Con frecuencia pensamos que los niños aprenden sobre emociones únicamente cuando hablamos con ellos.
Sin embargo, gran parte de ese aprendizaje ocurre jugando.
El juego les permite representar experiencias, explorar emociones y comprender relaciones de una manera que muchas veces resulta más natural que una conversación formal.
Por eso, cuando un niño juega a ser otra persona, no solo está usando su imaginación.
También está practicando una habilidad que le acompañará toda la vida: la capacidad de comprender a los demás.
Y quizás, si nos detenemos a jugar con él por unos minutos, también tengamos la oportunidad de comprenderlo un poco mejor.
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Dimas E. Villarreal P.
⚡️Psicólogo Clínico de niños y adolescentes/ Terapeuta
🖍Psicopedagogo
🤖Terapia de Juego
#HoyfuialPsicologo


