18 Nov Activación Conductual Niños
Hay niños que llegan al consultorio con el cuerpo apagado: los hombros caídos, la mirada baja, la voz mínima. Puede ser tristeza, frustración, cansancio o simplemente una sensación de “no tengo ganas”. Muchos padres lo describen igual: “No quiere hacer nada… nada lo mueve.”
Y es justamente allí donde la Activación Conductual se convierte en una herramienta poderosa.
“Cuando un niño no puede mover su emoción, podemos ayudarle moviendo su cuerpo.”
En psicología sabemos que, cuando la emoción está estancada, el cuerpo todavía puede avanzar. A veces la motivación no aparece primero; aparece después. Primero viene la acción. Luego la emoción se mueve. Y es en esas pequeñas acciones, como una caminata corta, un cambio de postura, una tarea mínima donde se abre espacio para que el niño vuelva a sentirse capaz.
Cuando el cuerpo abre la puerta
Los niños no regulan sus emociones desde la lógica o el análisis: regulan desde el cuerpo.
Si un niño llega al consultorio sin ganas de hablar, pedirle explicaciones suele intensificar su resistencia. Si, en cambio, le propongo algo simple como “ven conmigo a buscar estos pilotos (marcadores)”, su cuerpo entra en movimiento y algo empieza a destrabarse.
No se trata de distraerlo, sino de ofrecerle un canal físico para que pueda salir del túnel emocional donde quedó atrapado.
Ese movimiento mínimo activa sistemas sensoriales y atencionales que reducen la intensidad emocional. La conversación, entonces, aparece después: más suave, más natural, más humana.
Lo que dice la evidencia
Ya en los años 70, el psicólogo Peter Lewinsohn propuso un modelo conductual de la depresión donde explicaba que, cuando una persona recibe cada vez menos experiencias agradables o significativas, tiende a retraerse, hacer menos cosas y sentirse peor. Su planteamiento era sencillo y profundo: aumentar de forma intencional las actividades que aportan placer, logro o conexión puede mejorar el estado de ánimo (Lewinsohn, 1974).
Con el tiempo, la investigación moderna ha confirmado esta propuesta clínica. Un meta-análisis publicado en la revista European Child & Adolescent Psychiatry (Tindall et al., 2024) revisó 24 estudios con 2,758 niños y adolescentes. Los autores encontraron que la Activación Conductual genera mejoras reales en el estado de ánimo, describiendo sus efectos como “pequeños pero consistentes”, y concluyendo que es un enfoque prometedor y clínicamente útil para problemas emocionales en jóvenes.
Una revisión previa, publicada en Clinical Child and Family Psychology Review (Martin & Oliver, 2018), ya había señalado esta misma dirección: la Activación Conductual funciona, es bien aceptada por niños y adolescentes, y ofrece una alternativa clara cuando otras estrategias de regulación emocional resultan demasiado abstractas para ellos.
En conjunto, ambos trabajos dibujan un panorama sólido: los niños mejoran cuando se mueven, y la acción ayuda a destrabar lo que la emoción sola no puede.
Por qué funciona especialmente bien en infancia
En los primeros años, las emociones están profundamente ligadas al cuerpo. Un niño regula corriendo, respirando profundo, cambiando de ambiente, manipulando objetos o simplemente caminando unos pasos.
El movimiento baja la activación del sistema nervioso, flexibiliza la mente y abre espacio para que pueda aparecer una emoción distinta. Cuando pedimos a un niño “piensa antes de actuar” sin ofrecerle un canal corporal, estamos pidiendo algo para lo que su cerebro aún no está preparado.
En cambio, cuando le damos la oportunidad de actuar primero, su sistema emocional encuentra la organización después. La Activación Conductual se apoya en esa secuencia natural: primero hacer, luego sentir.
Un espejo de lo que ocurre en casa
Esto no es exclusivo del consultorio. Pasa todos los días en los hogares.
El niño que no quiere hacer la tarea suele responder mejor cuando lo invitamos primero a moverse: caminar juntos a buscar el lápiz, cambiar de silla, acompañarnos a otro espacio. El cuerpo crea la disposición que la lógica no logra sola.
El niño que dice “no quiero jugar” no necesita una conversación larga; necesita una acción pequeña que rompa el estancamiento. Inflar un globo, soplar, buscar un objeto, caminar tres pasos. Son gestos mínimos que generan efectos reales.
Incluso los adolescentes reaccionan igual. A veces, en lugar de insistir con preguntas para las que “no tienen palabras”, basta con caminar un minuto juntos fuera de la habitación. El silencio se mueve antes que la emoción.
No es fingir: es regular
Un error común es creer que esto implica obligar al niño a ocultar cómo se siente. Pero la Activación Conductual no pide que finja. No exige que deje de estar triste, frustrado o cansado.
Lo que hace es darle una vía para salir de la emoción cuando está demasiado intensa para manejarla desde adentro. La acción no niega la emoción: la acompaña para que pueda transformarse.
La próxima vez que tu hijo esté atrapado en una emoción difícil, recuerda esto: no siempre necesita hablar, entender o explicar lo que siente. A veces necesita simplemente moverse un poco, cambiar de postura o hacer algo muy pequeño que reactive su sistema emocional.
La Activación Conductual nos recuerda una verdad profunda y sencilla: El cambio no siempre llega de adentro hacia afuera; a veces llega de afuera hacia adentro. Y en los niños, casi siempre es así.
Compartir
Dimas E. Villarreal P.
⚡️Psicólogo Clínico de niños y adolescentes/ Terapeuta
🖍Psicopedagogo
🤖Terapia de Juego
#HoyfuialPsicologo


