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Pistas vocacionales escondidas en la vida cotidiana

Muchos adolescentes tienen dificultades para responder una pregunta que escuchan con frecuencia:

“¿Qué quieres estudiar?”

Algunos contestan que no saben. Otros mencionan la carrera que esperan sus padres o aquella de la que han escuchado hablar más. También están quienes sienten que deberían tener una respuesta clara, aunque todavía no hayan vivido suficientes experiencias para construirla.

Esto no significa que carezcan de intereses. En muchos casos, las pistas ya están presentes, pero aparecen en actividades tan cotidianas que todavía no han sido relacionadas con su futuro.

Los intereses también aparecen fuera del colegio

Cuando pensamos en orientación vocacional, solemos dirigir la atención hacia las asignaturas favoritas, las calificaciones o los resultados de una prueba. Esta información puede ser útil, pero no muestra por completo la manera en que un adolescente se relaciona con el mundo.

Sus intereses también pueden aparecer en los videos que busca, las cuentas que sigue, los temas sobre los que conversa, las actividades que realiza sin que se lo pidan o las preguntas que intenta responder por su cuenta.

Un adolescente puede decir que no sabe qué estudiar y, al mismo tiempo, pasar horas aprendiendo sobre animales, editando videos, diseñando personajes, investigando acontecimientos históricos, reparando objetos o explicándoles a otros cómo funciona una aplicación.

La elección de una carrera todavía no está definida, pero hay algo que ya está despertando su curiosidad.

¿Qué es un mapa de intereses cotidianos?

El mapa de intereses cotidianos es un recurso de exploración que permite observar hacia dónde se dirige espontáneamente la curiosidad del adolescente.

En lugar de comenzar con una lista de carreras, se exploran diferentes aspectos de su vida diaria:

  • qué contenido consume;
  • qué temas busca con frecuencia;
  • qué actividades disfruta;
  • sobre qué podría conversar durante mucho tiempo;
  • qué problemas le gusta resolver;
  • qué suele aprender por iniciativa propia;
  • qué experiencias despiertan su curiosidad.

La intención no es convertir cada pasatiempo en una profesión, sino reconocer temas y acciones que se repiten. Detrás de actividades aparentemente diferentes puede aparecer un mismo interés: crear, investigar, organizar, comunicar, cuidar, liderar, comprender o resolver.

No se trata únicamente de observar qué hace

Una actividad, por sí sola, no siempre explica el interés. También es necesario comprender qué encuentra el adolescente en ella.

Dos jóvenes pueden disfrutar los videojuegos por razones completamente distintas. Uno puede sentirse atraído por la estrategia y la resolución de problemas; otro, por la narrativa, el diseño visual o la posibilidad de compartir con sus amigos.

Lo mismo ocurre con las redes sociales. Seguir contenido sobre cocina puede estar relacionado con el deseo de experimentar, crear, cuidar a otros, emprender o comunicar. Ver videos sobre investigaciones criminales no significa necesariamente que el adolescente quiera estudiar criminología. Tal vez lo que le interesa es analizar evidencias, comprender el comportamiento humano o resolver enigmas.

Por eso, el mapa no se construye preguntando solamente “¿qué ves?” o “¿qué haces?”. También conviene preguntar:

“¿Qué es lo que más te llama la atención de eso?”

Esta segunda pregunta permite pasar de la actividad visible al interés que podría encontrarse detrás.

Los intereses también se construyen

Los intereses vocacionales se desarrollan a partir de las experiencias, las oportunidades de aprendizaje y la percepción que el adolescente construye sobre sus capacidades. Cuando prueba una actividad, obtiene algún resultado y siente que puede desenvolverse en ella, es más probable que quiera repetirla y conocerla con mayor profundidad.

Por eso, un interés no debe entenderse como una característica fija. Puede crecer, cambiar, combinarse con otros o perder importancia con el tiempo.

Desde la teoría social cognitiva de la carrera, Lent, Brown y Hackett explican que los intereses se relacionan con las experiencias de aprendizaje, las creencias sobre las propias capacidades y los resultados que la persona espera obtener.

En otras palabras, aquello que un adolescente disfruta también está influido por las oportunidades que ha tenido para explorar y por la confianza que ha desarrollado en determinadas áreas.

Un joven puede afirmar que algo no le interesa cuando, en realidad, nunca ha tenido la oportunidad de conocerlo. También puede alejarse de una actividad que le atraía porque comenzó a pensar que no era suficientemente bueno en ella.

De los intereses a la exploración

El mapa de intereses cotidianos no ofrece una respuesta automática sobre qué carrera elegir. Su función es generar nuevas preguntas y abrir posibilidades de exploración.

Si aparece interés por explicar, argumentar o crear contenido, se pueden explorar experiencias relacionadas con la comunicación. Si se repiten actividades vinculadas con construir, reparar o entender cómo funcionan las cosas, podrían proponerse acercamientos a áreas técnicas, científicas o de diseño. Si el adolescente disfruta acompañar, escuchar o enseñar, conviene que conozca contextos en los que estas acciones formen parte de la experiencia cotidiana.

Estas conexiones deben considerarse hipótesis, no conclusiones. Antes de relacionar un interés con una carrera específica, es importante que el adolescente pueda investigar, conversar con profesionales, participar en talleres, conocer diferentes ambientes y probar actividades nuevas.

La orientación vocacional no consiste únicamente en descubrir los intereses que ya existen. También implica crear oportunidades para que aparezcan otros que todavía no han podido desarrollarse.

Una fotografía del presente, no una sentencia sobre el futuro

El contenido que consume un adolescente no determina lo que estudiará. Tampoco todos sus pasatiempos tienen que transformarse en una ocupación.

El mapa de intereses cotidianos puede comprenderse como una fotografía de aquello que hoy despierta su atención. Esa fotografía puede mostrar preferencias, motivaciones y formas de relacionarse con el entorno, pero debe complementarse con otros aspectos: habilidades, valores, estilo de vida deseado, características personales, oportunidades educativas y realidad familiar.

Además, no todos los adolescentes tienen acceso a las mismas experiencias. El contexto económico, cultural, escolar y familiar puede ampliar o limitar aquello que conocen y consideran posible.

Por esta razón, la exploración vocacional no debería reducirse a decirles que sigan sus intereses. También debe ayudarlos a ampliar su mundo y conocer alternativas que quizá nunca habían considerado.

Antes de preguntar por una carrera

Cuando un adolescente todavía no sabe qué estudiar, insistir en que elija puede aumentar la presión sin ayudarlo a conocerse mejor.

En ocasiones, conviene comenzar con preguntas más cercanas:

¿Qué buscas cuando nadie te lo pide?

¿Qué tema logra captar tu atención?

¿Qué actividad hace que pierdas la noción del tiempo?

¿Qué disfrutas aprender por tu cuenta?

¿Qué parte de esa actividad es la que realmente te interesa?

Las respuestas quizá no conduzcan inmediatamente al nombre de una carrera. Sin embargo, pueden mostrar algo más importante: la manera en que el adolescente comienza a acercarse al mundo.

La exploración vocacional no siempre empieza preguntando qué quiere estudiar. A veces comienza observando aquello que despierta su curiosidad de manera natural.

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Imagen de Dimas E. Villarreal P.

Dimas E. Villarreal P.

⚡️Psicólogo Clínico de niños y adolescentes/ Terapeuta
🖍Psicopedagogo
🤖Terapia de Juego
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