14 Abr Juego repetitivo y solitario en niños
Hay escenas que se repiten en casa y en consulta. Un niño alineando carros, girando ruedas o repitiendo un juego una y otra vez, muchas veces en solitario, como si fuera su propio mundo.
Y ahí aparece la duda en muchos padres: ¿entro a su juego, interrumpo o qué hago?
Por lo general, antes de intervenir o interrumpir, hay algo más importante: tratar de entender qué estamos viendo.
Por ejemplo, un niño toma varios carros y los coloca en fila, uno detrás de otro, siempre en el mismo orden. Si alguien mueve uno, lo vuelve a colocar exactamente como estaba. Otro puede pasar varios minutos girando la rueda de un juguete, observando cómo se mueve. Y otro puede repetir una escena de su programa favorito usando los mismos diálogos, sin cambiar la historia.
Desde afuera puede parecer limitado, pero para el niño ese juego tiene sentido.
Formas en que aparece el juego repetitivo
El juego repetitivo no es una sola cosa. Desde la evidencia, se entiende dentro de los comportamientos repetitivos y restringidos, es decir, distintas formas en las que el niño repite acciones, usa objetos o se relaciona con el entorno.
Estas formas pueden verse distintas, pero muchas veces responden a algo en común: necesidad de repetición, control o previsibilidad dentro del juego.
Algunas de las formas más frecuentes son:
- Patrones con objetos: Alinear, ordenar o apilar objetos siempre de la misma manera. Ejemplo: colocar carros en fila y reorganizarlos si alguien los mueve.
- Interés en partes del objeto: El foco no está en el objeto completo, sino en un detalle específico. Ejemplo: girar la rueda de un carro en lugar de hacerlo rodar.
- Secuencias repetidas: Repetir una misma acción o rutina sin variación. Ejemplo: construir una torre siempre en el mismo orden y derribarla igual.
- Juego guionado: Reproducir escenas o diálogos de la misma forma. Ejemplo: repetir una escena de dibujos animados exactamente igual cada vez.
- Juego con movimiento repetitivo: El juego aparece acompañado de movimientos corporales repetidos. Ejemplo: jugar mientras se balancea o camina en círculos.
- Intereses restringidos en el juego: El contenido no cambia y se mantiene en un solo tema. Ejemplo: jugar únicamente con dinosaurios repitiendo las mismas acciones.
Más que ver estas formas como errores, nos dan información sobre cómo el niño está procesando la experiencia y qué tan flexible puede ser dentro del juego.
La investigación muestra que en algunos niños puede haber menor diversidad, menor flexibilidad y menor complejidad en el juego. Por eso, el objetivo no es eliminar el juego repetitivo, sino ampliarlo.
- aumentar variedad
- aumentar flexibilidad
- aumentar complejidad
¿Regulación o patrón?
Aquí aparece una pregunta clave: ¿esto está ayudando al niño o lo está limitando?
La respuesta no siempre es clara. En algunos casos, el juego ayuda a sostenerse en la actividad, a mantenerse en algo predecible o a manejar lo que está pasando a su alrededor. En otros, puede ser simplemente un patrón que se repite porque es familiar.
No siempre vamos a saber exactamente qué está pasando, pero sí podemos evitar un error común: intervenir antes de entender.
No todo juego repetitivo hay que quitarlo. A veces, primero hay que entender para qué está ahí.
¿Qué hacer en casa?
La reacción más común es corregir o redirigir: “vamos a jugar de otra forma”, “mira esto”, “no hagas eso”. Pero cuando intervenimos demasiado rápido, podemos romper algo que todavía no entendemos.
Acompañar no es dejar al niño solo, es estar de una manera distinta. Es observar primero y luego entrar en el juego. Si el niño alinea carros, el adulto puede hacer lo mismo. Si gira una rueda, puede imitar esa acción. Si repite una escena, puede sumarse respetando esa secuencia.
No se trata de dirigir ni de enseñar en ese momento, sino de mostrar interés, presencia y disponibilidad.
¿Interrumpir o esperar?
En la mayoría de los casos, primero se observa. Luego se entra con cuidado y se evalúa si el niño puede tolerar esa presencia. Si el adulto entra de forma brusca o cambia el juego demasiado rápido, lo más probable es que el niño se retire o se desorganice.
Cuando el adulto se ajusta, se abre la posibilidad de algo distinto: que el niño, poco a poco, incluya al otro.
Desde el modelo JASPER
Desde enfoques como JASPER, el trabajo no está en eliminar el juego repetitivo, sino en usarlo como punto de partida. La evidencia muestra que el objetivo es aumentar la diversidad, la flexibilidad y la complejidad del juego.
No se trata de sacar al niño del juego, sino de entrar en él para abrir posibilidades.
Cuando el niño tolera la presencia, el adulto puede hacer una pequeña propuesta dentro del mismo juego. Una pausa, un pequeño cambio, un gesto mínimo. No es una instrucción, es una invitación.
La atención conjunta no se construye empujando ni exigiendo. Se construye cuando el niño puede notar al otro sin dejar de estar en su juego. Y si eso no ocurre en ese momento, volver al juego original también es acompañar.
El juego repetitivo y solitario no es el final del camino. Es, muchas veces, el inicio.
El problema no es que el juego se repita. Es cuando nadie entra a acompañarlo para que pueda cambiar.
Compartir
Dimas E. Villarreal P.
⚡️Psicólogo Clínico de niños y adolescentes/ Terapeuta
🖍Psicopedagogo
🤖Terapia de Juego
#HoyfuialPsicologo


