01 Sep La pregunta de regreso
Hay una escena que se repite con frecuencia durante las tareas escolares. Un niño empieza a resolver un ejercicio, se distrae con algo que ocurre alrededor o con un pensamiento y, unos minutos después, vuelve a mirar el cuaderno sin recordar exactamente qué estaba haciendo.
La respuesta del adulto suele ser inmediata: “Pon atención”, “Concéntrate” o “Deja de distraerte”.
El problema es que decirle a un niño que preste atención le indica qué esperamos de él, pero no necesariamente qué puede hacer para conseguirlo.
Distraerse no siempre es el verdadero problema
La atención no significa permanecer concentrado sin interrupciones. Incluso mientras hacemos una actividad importante, nuestra atención puede desplazarse hacia un ruido, un pensamiento, una preocupación o cualquier otro estímulo.
En niños con TDAH, estas dificultades pueden hacerse más evidentes porque el trastorno puede afectar procesos necesarios para mantener una meta activa, inhibir distracciones y organizar la conducta mientras realizan una tarea.
Por eso, en ocasiones, el problema no termina cuando el niño se da cuenta de que se distrajo. Aparece una segunda dificultad:
“¿Dónde iba?”
Puede mirar nuevamente la hoja, releer instrucciones o incluso comenzar desde el principio porque perdió temporalmente el hilo de lo que estaba haciendo.
Una pregunta puede ayudar a encontrar el camino de regreso
En lugar de repetir “concéntrate”, podemos ofrecer una señal mucho más concreta:
“¿Qué estabas haciendo hace un momento?”
La intención de esta pregunta no es comprobar si el niño estaba prestando atención ni señalarle que volvió a distraerse. Es ayudarlo a reconstruir lo que estaba haciendo.
Podemos acompañarlo con preguntas muy sencillas:
- “¿Cuál fue lo último que hiciste?”
- “¿Qué pregunta estabas resolviendo?”
- “¿Qué viene después?”
Así, en vez de resolver por él o simplemente pedirle que se concentre, lo ayudamos a buscar una pista que le permita regresar a la tarea.
De la ayuda externa a la pregunta interna
Al principio probablemente será el adulto quien haga la pregunta. Pero podemos ir retirando esa ayuda poco a poco.
Primero preguntamos:
“¿Qué estabas haciendo hace un momento?”
Después podemos reducir la ayuda:
“Te distrajiste. ¿Cómo puedes volver?”
Hasta que eventualmente el propio niño pueda aprender a detenerse y preguntarse:
“¿Dónde iba?”
Ese cambio es importante porque ya no estamos trabajando únicamente la atención. También estamos favoreciendo el automonitoreo: darse cuenta de que perdió el hilo y utilizar una estrategia para recuperarlo.
No necesitamos empezar de cero
También podemos facilitar ese regreso haciendo que la tarea deje pistas visibles. Marcar el ejercicio que está realizando, tachar cada paso terminado, utilizar una lista breve o señalar dónde quedó puede reducir lo que necesita recordar mentalmente.
Entonces, cuando aparece una distracción, regresar resulta más sencillo porque existe un punto concreto al cual volver.
La meta tampoco debería ser esperar que un niño nunca se distraiga. Podemos enseñarle algo quizá más útil: qué hacer cuando descubre que se distrajo.
Porque concentrarse no consiste únicamente en permanecer ahí.
Aprender a regresar también forma parte de aprender a concentrarse.
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Dimas E. Villarreal P.
⚡️Psicólogo Clínico de niños y adolescentes/ Terapeuta
🖍Psicopedagogo
🤖Terapia de Juego
#HoyfuialPsicologo


