29 Sep Optimismo en niños
Cuando pensamos en optimismo, es fácil asociarlo con frases como “piensa positivo”, “todo va a salir bien” o “no te preocupes”. Sin embargo, enseñar optimismo a un niño no significa convencerlo de que las cosas siempre terminarán como espera. Un niño puede reconocer que algo será difícil, sentir preocupación o tener dudas y, al mismo tiempo, considerar que también pueden ocurrir cosas buenas.
Antes de una situación nueva, los niños también hacen predicciones. Pueden pensar “seguro me va mal”, “no voy a hacer amigos” o “no voy a poder”. En esos momentos, lo que imaginan puede sentirse muy real, aunque todavía no haya sucedido. Por eso, podemos ayudarlos a distinguir entre lo que temen que ocurra y lo que realmente saben.
No necesitamos discutir con ellos para demostrarles que están equivocados ni asegurarles que ocurrirá exactamente lo contrario. Si un niño dice “seguro nadie va a hablar conmigo”, responder “claro que sí, vas a hacer muchos amigos” puede sonar tranquilizador, pero también es una predicción sobre algo que todavía desconocemos. A veces podemos responder simplemente: “Todavía no sabemos qué va a pasar.”
Abrir otras posibilidades
El optimismo puede trabajarse ayudando al niño a descubrir que aquello que teme no es la única posibilidad. Una pregunta sencilla puede ser: “¿Qué otras cosas podrían pasar?”
Quizás algo salga mal. Quizás salga mejor de lo esperado. Tal vez necesite ayuda. Puede que al principio resulte incómodo y después sea más fácil. No buscamos que el niño descarte cualquier resultado negativo y elija solamente el positivo. Buscamos ampliar el panorama para que una preocupación no se convierta en la única versión posible del futuro.
También podemos ayudarlo a reconocer que, aunque no controla todos los resultados, hay cosas que puede hacer. Podemos preguntarle: “¿Hay algo que puedas hacer para que salga un poquito mejor?” Dependiendo de la situación, puede ser saludar primero, pedir ayuda, practicar, prepararse o volver a intentarlo. El optimismo también puede construirse desde la posibilidad de actuar.
Practicar el optimismo
Antes de una situación que le preocupe, un examen, comenzar una actividad, conocer personas nuevas o intentar algo difícil, pueden conversar a partir de tres preguntas:
¿Qué te preocupa que pase?
¿Qué podría salir bien?
¿Qué puedes hacer tú?
No se trata de borrar la preocupación ni de convencerlo de que todo estará bien. Se trata de ayudarlo a reconocer que puede haber más de una posibilidad y que, frente a la incertidumbre, también puede hacer algo.
No podemos prometerles a los niños que nunca se decepcionarán, que siempre conseguirán lo que quieren o que las cosas necesariamente saldrán bien. Podemos enseñarles algo diferente.
No sabemos qué va a pasar. Y quizás eso también sea parte del optimismo: entender que el futuro no está escrito y que algo bueno también puede pasar.
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Dimas E. Villarreal P.
⚡️Psicólogo Clínico de niños y adolescentes/ Terapeuta
🖍Psicopedagogo
🤖Terapia de Juego
#HoyfuialPsicologo


