22 Sep Autocompasión en niños
Cuando algo le sale mal a un niño, solemos prestar atención a lo que ocurrió. Perdió, se equivocó, algo no le salió como esperaba o hizo algo que ahora necesita reparar. Sin embargo, hay otra parte de esa experiencia que también merece nuestra atención: cómo se habla a sí mismo después de que algo sale mal.
La autocompasión es aprender a tratarse con amabilidad cuando algo duele, cuesta o no sale bien. No significa evitar los errores, quitarles importancia ni decir que todo está bien. Significa aprender a enfrentar esos momentos sin añadir, además, un ataque hacia uno mismo.
Escuchar antes de corregir
Antes de corregir inmediatamente lo que un niño dice, puede ser útil escuchar. ¿Cómo se describe cuando pierde? ¿Qué dice de sí mismo cuando algo no le sale? ¿Qué concluye cuando se equivoca?
No es lo mismo reconocer “esto me salió mal” que concluir “todo me sale mal”. Tampoco es igual decir “me equivoqué” que convertir ese error en “soy un fracaso”. Una cosa describe lo ocurrido; la otra empieza a definir quién cree que es a partir de lo ocurrido.
No necesitamos responder inmediatamente con un “no digas eso” o intentar convencerlo de lo contrario. Escuchar cómo se está tratando puede ayudarnos a comprender qué está haciendo con esa experiencia.
Ayudarlo a tomar perspectiva
Una manera sencilla de ayudarlo a tomar perspectiva es preguntarle: “¿Qué le dirías a un amigo si le hubiera pasado lo mismo?”
Muchas veces podemos ofrecer a otras personas una comprensión que nos cuesta ofrecernos a nosotros mismos. También podemos preguntarle: “¿Le hablarías así a alguien que quieres?”
No se trata de darle inmediatamente una frase positiva para reemplazar lo que está pensando, sino de ayudarlo a notar la diferencia entre cómo trata a otros y cómo se trata a sí mismo.
Cambiar la pregunta
También podemos ayudarlo a cambiar algunas de las preguntas que aparecen cuando está frustrado. “¿Qué me pasa?” o “¿Por qué soy así?” pueden convertir una situación difícil en un juicio sobre sí mismo.
Una pregunta diferente sería: “¿Qué necesito ahora?”
Tal vez necesite calmarse, pedir ayuda, practicar, descansar, disculparse, reparar algo que hizo, volver a intentarlo o simplemente reconocer que está decepcionado. La autocompasión no hace desaparecer el malestar; ayuda a responder a él de una manera más útil.
Autocompasión no significa excusarse
Aquí aparece una aclaración importante. Autocompasión no significa enseñar a un niño a pensar “no importa lo que hice”.
Puede reconocer “me equivoqué” y, al mismo tiempo, preguntarse “¿qué puedo hacer ahora?”. Puede asumir las consecuencias, disculparse, reparar un daño y aprender de lo ocurrido sin necesitar castigarse emocionalmente para hacerlo.
Responsabilizarse y tratarse con amabilidad no son ideas opuestas. Un niño puede reconocer que hizo algo incorrecto sin concluir que él es malo. Puede sentirse decepcionado por un resultado sin decidir que es incapaz.
¿Qué sabemos sobre la autocompasión?
La investigación sobre autocompasión durante la infancia y la adolescencia ha aumentado en los últimos años, aunque todavía contamos con mucha más evidencia en adolescentes que en niños pequeños.
Los estudios han encontrado relaciones entre una mayor autocompasión y diferentes indicadores de bienestar psicológico, así como menores niveles de ansiedad, depresión y estrés en adolescentes. Estos resultados no significan que la autocompasión, por sí sola, prevenga estos problemas, pero sí ayudan a comprender por qué aprender a responder de una manera menos crítica ante las propias dificultades puede ser una habilidad relevante durante el desarrollo.
También es importante ser cuidadosos al trasladar directamente a los niños lo que conocemos sobre autocompasión en adultos. La capacidad de comprender las propias emociones, tomar perspectiva y responder ante ellas continúa desarrollándose durante la infancia y la adolescencia.
Los niños también aprenden observándonos
Los adultos también participamos en ese aprendizaje. Los niños escuchan cómo nos hablamos cuando nosotros nos equivocamos. Escuchan cuando decimos “qué bruto soy”, “todo lo hago mal” o “soy un desastre”, pero también pueden escucharnos decir “me equivoqué”, “esto no salió como esperaba” o “voy a ver qué puedo hacer ahora”.
No necesitamos mostrarles que nunca nos frustramos. Podemos mostrarles algo mucho más realista: es posible frustrarse, equivocarse y seguir tratándonos con respeto.
Aprender qué hacer después
Equivocarse puede pasar. Lo importante es aprender qué hacer después.
La autocompasión no significa ignorar lo que salió mal, sino aprender a enfrentarlo sin tener que atacarse a sí mismo. Un niño puede equivocarse, responsabilizarse, reparar, aprender y volver a intentarlo sin necesitar tratarse mal para hacerlo.
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Dimas E. Villarreal P.
⚡️Psicólogo Clínico de niños y adolescentes/ Terapeuta
🖍Psicopedagogo
🤖Terapia de Juego
#HoyfuialPsicologo


