01 Jul ¿Por qué mi hijo siempre responde “bien”?
Hay una escena que se repite en muchas familias. Recoges a tu hijo de la escuela y, casi sin darte cuenta, haces la misma pregunta de siempre: “¿Cómo te fue hoy?” Él responde “Bien”. Intentas seguir la conversación preguntándole qué hizo o qué fue lo que más le gustó del día, pero las respuestas son igual de cortas. En pocos segundos la conversación termina y muchos padres se quedan con la sensación de que sus hijos simplemente no quieren hablar.
Sin embargo, desde la psicología del desarrollo sabemos que, en la mayoría de los casos, el problema no está en la falta de interés por conversar. Muchas veces ocurre que la pregunta exige una habilidad que todavía está en desarrollo: organizar toda una jornada, recordar lo importante, identificar lo que sintieron y convertir todo eso en una respuesta.
¿Por qué responden siempre “bien”?
Los adultos solemos recordar nuestro día como una historia. Podemos ordenar los acontecimientos, elegir qué contar primero, explicar qué pasó y reconocer cómo nos sentimos en cada momento. Los niños, en cambio, todavía están construyendo esa capacidad. Con frecuencia no recuerdan el día como un relato completo, sino como una colección de momentos que llamaron su atención.
Por eso, cuando preguntamos ”¿Cómo te fue?”, les estamos pidiendo mucho más que una respuesta. Sin darnos cuenta, esperamos que hagan un resumen de varias horas de experiencias, seleccionen lo más importante y encuentren las palabras para explicarlo. No es extraño que la respuesta más fácil sea simplemente “bien”.
Los niños suelen recordar momentos, no resúmenes
En terapia infantil esto ocurre con mucha frecuencia. Un niño puede tener dificultades para decir “Hoy me sentí frustrado”, pero sí puede contar que perdió un partido en el recreo, que un compañero no quiso jugar con él o que la maestra cambió los puestos del salón. La emoción no suele aparecer primero; primero aparece la experiencia.
Esta es una de las razones por las que el juego resulta tan valioso en terapia. A través del juego, los dibujos o las historias, muchos niños expresan experiencias que todavía no pueden explicar directamente con palabras. Poco a poco, cuando alguien escucha con interés y sin apresurarse a interpretar, esas experiencias comienzan a adquirir un significado emocional. La terapia de juego parte precisamente de que el juego constituye el lenguaje natural del niño y facilita la expresión de su mundo interno.
Cambiar la pregunta puede cambiar la conversación
En lugar de pedir un resumen del día, suele ser más útil invitar al niño a volver a un momento concreto. Preguntas como:
- ¿Cuál fue el momento más divertido del día?
- ¿Qué parte del recreo recuerdas más?
- ¿Qué fue lo más raro que pasó hoy?
- Si el recreo tuviera un color, ¿cuál sería?
Estas preguntas ayudan a que el niño regrese a una experiencia específica. Desde allí resulta mucho más sencillo que aparezcan recuerdos, emociones y detalles que probablemente no habrían surgido con una pregunta tan amplia como ”¿Cómo te fue?”.
A veces la conversación necesita otra puerta de entrada
Cuando un niño empieza a contar una experiencia, es normal que los adultos queramos entender rápidamente qué ocurrió o encontrar una solución. Sin embargo, muchas veces lo más útil es permanecer un poco más en esa historia. Escuchar cómo fue el partido, qué pasó durante el recreo o por qué ese momento fue importante le permite organizar lo que vivió y, poco a poco, ponerle nombre a lo que sintió.
La próxima vez que tu hijo salga de la escuela, quizás no necesite una pregunta más. Quizás necesite una pregunta diferente. Porque muchos niños todavía no saben explicar lo que sienten, pero sí pueden contar cómo lo vivieron. Y, muchas veces, esa es la puerta por la que empiezan las conversaciones que realmente fortalecen la relación.
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Dimas E. Villarreal P.
⚡️Psicólogo Clínico de niños y adolescentes/ Terapeuta
🖍Psicopedagogo
🤖Terapia de Juego
#HoyfuialPsicologo


