16 Ene Comparación en redes sociales en niños y adolescentes
Hacer scroll hoy en día se ha convertido en un pasatiempo cotidiano para muchos niños, niñas y adolescentes. Para algunos, incluso funciona como una especie de deporte silencioso: deslizar, mirar, comparar y seguir sin detenerse demasiado.
En ese movimiento constante entran las redes sociales. No como un problema en sí, sino como un escenario donde niños y adolescentes observan cómo viven otros, cómo se ven, qué logran y qué muestran. Sin darse cuenta, mientras miran hacia afuera, empiezan a mirarse a sí mismos desde esos referentes.
La comparación, que siempre ha sido parte del desarrollo, hoy ocurre en un contexto digital, marcado por la exposición constante a imágenes, logros y evaluaciones implícitas, y ese contexto cambia su impacto emocional.
La comparación hoy pesa más
Compararse no es un error ni una señal de fragilidad. Es una forma temprana de construir identidad. Desde la psicología del desarrollo sabemos que los niños evalúan quiénes son comparándose con otros. Este proceso ha sido descrito desde hace décadas como la teoría de la comparación social propuesta por Festinger (1954).
Cuando la identidad aún está en formación, estas comparaciones tienen un peso emocional mayor. Esto ocurre especialmente durante la niñez y la adolescencia, etapas en las que el autoconcepto depende en gran medida de señales externas.
Hasta aquí, la comparación cumple una función adaptativa. El problema aparece cuando el escenario cambia.
De compararse con pocos a compararse con muchos
Lo que cambia hoy no es la necesidad de compararse, sino el alcance de la comparación. Estudios en psicología del desarrollo y del uso de redes sociales muestran que estas plataformas amplifican la comparación social, aumentando su frecuencia y su intensidad, especialmente en niños y adolescentes (Nesi & Prinstein, 2015).
Los niños y adolescentes ya no se comparan solo con su grupo cercano, sino con imágenes pensadas para generar una reacción, como likes o aprobación, que hoy están cada vez más editadas, filtradas y, en muchos casos, retocadas o generadas con inteligencia artificial. Este cambio de escala hace que la comparación ocurra más veces al día y con menos pausas, sin que el cerebro tenga tiempo suficiente para procesarla.
Cuando la comparación no baja la autoestima, pero sí el ánimo
El impacto de la comparación social no siempre se expresa como una baja autoestima clara. En muchos niños y adolescentes aparece primero como un cambio en el estado de ánimo.
La comparación social frecuente se asocia con mayor malestar emocional sostenido, como tristeza persistente, irritabilidad o ansiedad de fondo. En la práctica clínica, esto suele verse como cansancio emocional, desmotivación o apatía, incluso cuando el niño no logra identificar una emoción específica.
Compararse todo el tiempo exige energía emocional. Cuando ese esfuerzo no tiene pausas, el ánimo se va desgastando.
El cerebro es más sensible a la evaluación social
Durante la niñez y, especialmente, durante la adolescencia, el cerebro es más sensible a la evaluación social. Estudios en neurociencia del desarrollo muestran una mayor reactividad emocional frente al juicio externo y la comparación. Esto ocurre debido a que los sistemas de regulación emocional aún se encuentran en proceso de maduración.
Esto no es debilidad ni falta de recursos personales. Es desarrollo. La capacidad de relativizar, contextualizar y tomar distancia de la comparación todavía se está construyendo.
Compararse sin pausa desgasta
La comparación repetida no es neutra para el cerebro. Estudios en neurociencia indican que la evaluación social constante activa sistemas cerebrales vinculados a la amenaza y a la pertenencia. Este proceso incrementa la rumiación y mantiene al sistema emocional en un estado de alerta prolongado.
Cuando esta activación se sostiene en el tiempo y no existen pausas suficientes, el resultado no siempre es ansiedad visible. Muchas veces lo que aparece es agotamiento emocional, un tipo de desgaste ampliamente descrito en la literatura sobre estrés crónico (Sapolsky, 2015).
Por eso, compararse cansa.
Las señales silenciosas de la comparación constante
Los niños y adolescentes no suelen decir “me comparo todo el tiempo”. La comparación aparece de forma indirecta, a través de cambios sutiles pero persistentes.
En el estado de ánimo, puede verse como:
- cansancio emocional frecuente
- irritabilidad sin causa clara
- desmotivación o pérdida de interés
- sensación de “me da igual” ante cosas que antes disfrutaban
A nivel conductual, suele aparecer como:
- evitación de actividades donde antes participaban
- mayor frustración ante errores pequeños
- resistencia a intentar cosas nuevas
- necesidad constante de validación externa
y en el lenguaje cotidiano, a veces se filtra en frases como:
- “todos son mejores”
- “yo nunca quedo bien”
- “para qué intentarlo”
Estas señales no indican un problema aislado. Indican un sistema emocional cansado de evaluarse todo el tiempo.
Cuando no suben fotos, a veces es protección
En algunos niños y adolescentes, esta comparación constante también se expresa como una evitación de la exposición. No querer tomarse fotos, no subir imágenes propias o borrar rápidamente las que aparecen no siempre responde a desinterés o apatía.
Cuando el contexto está saturado de imágenes editadas y comparación constante, no subir fotos puede ser una forma de protegerse. Reducir la exposición es, para muchos, una manera de bajar la carga emocional asociada a la evaluación social.
No mostrarse, no siempre es evitación patológica. A veces es una estrategia de regulación frente a un entorno que exige compararse todo el tiempo.
Acompañar sin controlar
Acompañar este proceso no significa prohibir pantallas ni eliminar toda comparación. Significa ayudar a notar cuándo la comparación aparece y cuándo empieza a doler.
La evidencia muestra que cuando los adultos ayudan a los niños a identificar la comparación y a redirigirla hacia procesos, valores y esfuerzo, en lugar de resultados o apariencias, el impacto emocional disminuye.
No se trata de controlar el mundo externo, sino de fortalecer el mundo interno.
Ayudar a volver la mirada hacia adentro en un mundo que empuja a mirarse afuera
La comparación en la niñez y la adolescencia no define a un niño. Pero sostenida en el tiempo, en contextos editados y sin descanso, sí puede desgastar su ánimo. Nombrar este proceso, ponerle sentido y acompañarlo con presencia adulta es una forma directa de protección emocional.
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Dimas E. Villarreal P.
⚡️Psicólogo Clínico de niños y adolescentes/ Terapeuta
🖍Psicopedagogo
🤖Terapia de Juego
#HoyfuialPsicologo


