08 Sep Validar sin ceder
A veces los padres sienten que validar una emoción significa darle la razón al niño, dejar pasar una conducta o terminar diciendo que sí después de haber dicho que no. Pero validar no significa eso. Podemos entender que nuestro hijo esté enojado, triste, asustado o frustrado y, al mismo tiempo, mantener un límite. Podemos comprender lo que siente sin aceptar cualquier conducta.
Esta manera de acompañar las emociones tiene un lugar importante en la Terapia Dialéctico-Conductual para niños (DBT-C), donde la validación y el cambio no se entienden como caminos opuestos. De hecho, el trabajo con las familias incluye estrategias de validación y la construcción de un ambiente que permita reconocer las emociones y, a la vez, favorecer cambios en la conducta.
¿Qué significa validar?
Validar es hacerle saber a nuestro hijo que estamos intentando comprender lo que siente y lo que está viviendo. No tenemos que estar de acuerdo con todo lo que piensa ni considerar adecuada la manera en que está reaccionando. Podemos decir: “Entiendo que estés molesto”, “Tiene sentido que estés decepcionado” o “Veo que esto era importante para ti”.
Las emociones cumplen distintas funciones: nos dan información sobre lo que estamos viviendo, nos preparan para actuar y también comunican a los demás que algo está ocurriendo. Por eso, el objetivo no es conseguir que el niño deje de sentir lo antes posible, sino ayudarlo a reconocer lo que siente y aprender progresivamente qué hacer con ello.
Validar no es ceder
Un niño puede tener razones comprensibles para estar enojado y, aun así, necesitar que detengamos una conducta. Podemos decirle: “Entiendo que estés enojado porque querías seguir jugando, y aun así es momento de guardar el juego”. Si está molesto con su hermano, podemos reconocerlo y mantener el límite: “Entiendo que estés muy enojado, pero no está permitido pegar”.
Ahí están presentes las dos partes: te comprendo y el límite permanece. Validar no significa retirar una norma, evitar una consecuencia o permitir cualquier comportamiento. Podemos comprender por qué ocurrió una conducta y, al mismo tiempo, enseñar que necesita cambiar.
Cuando un niño siente que sus emociones están mal
El modelo de DBT-C presta especial atención a lo que ocurre cuando un niño recibe repetidamente el mensaje de que su manera de reaccionar no es válida. Esto puede suceder cuando percibe que sus emociones están equivocadas o no son importantes, que aquello que piensa o siente “no tiene sentido” o que debería ser capaz de controlar siempre sus emociones.
No siempre ocurre de manera intencional. Frases como “no es para tanto”, “no tienes por qué estar triste” o “deja de enojarte por tonterías” pueden surgir del deseo genuino de tranquilizar. Sin embargo, cuando esta forma de responder se repite, algunos niños pueden empezar a desconfiar de sus propias reacciones, prestar menos atención a lo que sienten o tener dificultades para saber qué hacer con sus emociones.
La alternativa no consiste en confirmar que todo lo que el niño piensa es cierto ni en aceptar todas sus reacciones. Se trata de ayudarlo a reconocer su experiencia para que, poco a poco, pueda comprenderla y manejarla mejor.
La emoción informa, pero no manda
Sentir algo y actuar a partir de ello no son exactamente lo mismo. El enojo puede traer ganas de gritar, el miedo puede llevar a querer escapar y la tristeza puede hacernos querer aislarnos. Las emociones pueden generar rápidamente un impulso para actuar, pero ese impulso no siempre es la respuesta más adecuada para la situación. DBT enseña precisamente a reconocer las emociones como información y no como órdenes que necesariamente debemos seguir.
Esta diferencia también podemos enseñársela a los niños con una frase sencilla: “Puedes estar enojado y elegir qué hacer con ese enojo”. No necesitamos esperar a que desaparezca completamente la emoción para enseñar otra manera de responder. El aprendizaje está en reconocer: estoy enojado, tengo ganas de hacer esto, pero puedo elegir qué hago después.
No toda emoción necesita una solución inmediata
Cuando nuestros hijos nos cuentan algo que les preocupa, es frecuente que intentemos resolver el problema rápidamente. Damos consejos, explicamos qué deberían hacer o tratamos de convencerlos de que la situación no es tan grave. Sin embargo, algunas veces podemos hacer algo diferente antes de buscar una solución: mostrar que hemos entendido.
Decir “eso te preocupó mucho”, “esperabas que las cosas salieran diferente” o “puedo entender por qué estás frustrado” permite reconocer primero la experiencia. Después podemos avanzar hacia una pregunta como “¿qué podemos hacer ahora?”. No toda emoción necesita desaparecer antes de buscar una solución; muchas veces el niño necesita aprender que puede reconocer lo que siente y después decidir qué hacer.
Validar también puede incluir decir “no”
Podemos validar a nuestro hijo y seguir diciendo que no: “Sé que querías quedarte más tiempo y entiendo que estés decepcionado. Hoy tenemos que irnos”. También podemos reconocer que una responsabilidad resulta difícil y mantenerla: “Entiendo que no tengas ganas de empezar la tarea. Aun así, necesitamos comenzar”.
La validación no está en cambiar el límite para que el niño deje de sentirse mal. Está en mostrarle que su emoción puede ser escuchada incluso cuando la respuesta continúa siendo no. Tampoco deberíamos convertir la validación en una fórmula para conseguir obediencia inmediata: reconocer lo que siente no garantiza que deje de llorar, protestar o estar enojado en ese momento.
Un ambiente validante también tiene límites
En DBT-C, aprender a manejar las emociones no es una responsabilidad exclusiva del niño. El trabajo con los padres ocupa un lugar importante y parte del proceso se dirige específicamente a ayudarlos a construir un “ambiente validante y listo para el cambio”, junto con otras estrategias para responder a las dificultades emocionales y conductuales.
Un ambiente validante no es una casa sin frustraciones, normas o consecuencias. Es un entorno donde un niño puede aprender que estar triste, enojado, asustado o decepcionado no convierte sus emociones en algo incorrecto y que, al mismo tiempo, puede aprender formas diferentes de responder a ellas.
Habrá momentos para escuchar y otros para solucionar, momentos para reconocer una emoción y otros para detener una conducta. También habrá ocasiones en las que podamos aceptar que algo es difícil y, aun así, pedirle al niño que haga aquello que necesita hacer.
No tenemos que escoger entre comprender a nuestros hijos y ponerles límites. Podemos entender cómo se sienten y mantener lo que necesitamos enseñarles.
Eso es validar sin ceder.
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Dimas E. Villarreal P.
⚡️Psicólogo Clínico de niños y adolescentes/ Terapeuta
🖍Psicopedagogo
🤖Terapia de Juego
#HoyfuialPsicologo


