El juego no siempre busca enseñar… a veces busca conectar
Hay algo que veo con mucha frecuencia en consulta: muchos padres quieren aprovechar cada momento con sus hijos para enseñar algo. “Así se hace”, “no, mejor de esta forma”, “tienes que compartir”, “hazlo bien”. Y aunque la intención suele venir desde el amor, a veces sin darnos cuenta convertimos cada interacción en una corrección.
Pero aquí hay algo importante que vale la pena recordar: no todo momento con un hijo tiene que convertirse en enseñanza. A veces, el mayor aprendizaje ocurre cuando simplemente nos conectamos.
El juego es el lenguaje natural del niño
Los adultos solemos hablar para expresar emociones, procesar experiencias o pedir ayuda. Los niños no siempre. Muchos niños expresan lo que sienten a través del juego.
Un niño que pelea con muñecos, hace carreras interminables de carros, cambia reglas constantemente o inventa historias aparentemente extrañas no necesariamente está “perdiendo el tiempo”. Muchas veces está organizando emociones, descargando tensión o intentando comprender algo de su mundo.
Por eso, desde la terapia de juego entendemos algo fundamental: los niños muchas veces hablan jugando antes de hablar explicando. El juego no es solamente entretenimiento. También es una forma de comunicación.
Cuando el juego se convierte en corrección constante
Aquí aparece un error muy común. El niño está jugando y el adulto entra con buena intención, pero rápidamente empiezan frases como: “No, así no”, “ese dinosaurio no hace eso”, “mejor ponlo acá”, “hazlo bien”.
Corregir tiene un lugar importante en la crianza, claro que sí, pero cuando aparece constantemente durante el juego puede interrumpir algo esencial: la conexión emocional. El niño deja de sentir “mi mamá o mi papá está conmigo” y empieza a sentir “me están evaluando”.
No significa dejar límites ni permitir cualquier conducta. Significa entender que hay momentos para enseñar y momentos para simplemente estar.
¿Qué significa seguir el liderazgo del niño?
En terapia de juego existe un principio muy poderoso: seguir el liderazgo del niño. Suena técnico, pero realmente es bastante simple.
Implica entrar al mundo del niño por unos minutos y permitir que él dirija el juego. Si juega carros, juegas carros. Si inventa reglas extrañas, las sigues. Si quiere repetir lo mismo varias veces, lo acompañas.
No necesitas dirigir, enseñar ni convertir el juego en una lección. Tu trabajo durante esos minutos es mucho más sencillo: estar presente.
¿Qué podemos hacer en casa?
La buena noticia es que no necesitas juguetes especiales ni convertirte en terapeuta para fortalecer la conexión con tu hijo. Muchas veces, pequeños cambios en la forma de jugar hacen una gran diferencia.
Una de las cosas más simples que podemos intentar es cambiar la forma en que hablamos durante el juego. Muchos adultos entran haciendo preguntas o corrigiendo constantemente: “¿Y ahora qué hace el dinosaurio?”, “No, así no va”, “Hazlo bien”. Pero hay otra forma de acompañar: describir lo que observas.
En vez de dirigir el juego, puedes simplemente comentar lo que ves: “Ese carro va rapidísimo”, “Parece que ese dinosaurio está muy fuerte”, “Trabajaste bastante en esa torre”. Puede parecer algo pequeño, pero tiene un efecto poderoso. El niño empieza a sentir: “me están viendo”, no “me están evaluando”. A veces un niño necesita menos preguntas… y más sentirse visto.
Otra idea sencilla es entrar al mundo del niño por unos minutos. Si juega carros, juegas carros. Si hace sonidos, tú también. Si construye algo, lo acompañas. No se trata de hacerlo perfecto ni de copiar exactamente lo que hace, sino de seguir su ritmo y compartir su experiencia.
Muchas veces los adultos intentamos mover rápidamente al niño hacia nuestro mundo: enseñar, ordenar, corregir o dirigir. Pero la conexión suele aparecer primero cuando hacemos lo contrario. Antes de pedirle a un niño que entre a tu mundo… intenta entrar un momento al suyo.
Y quizás una de las ideas más simples, pero más poderosas, sea esta: cinco minutos de juego sin corregir. Solo cinco minutos. Guardar el celular, sentarse cerca, seguir el juego y acompañar. No necesitas juguetes caros ni actividades complejas. Tampoco hacerlo perfecto.
Solo estar presente.
Porque para muchos niños, un momento donde sienten “hay alguien que simplemente quiere estar conmigo” puede significar muchísimo más de lo que imaginamos.
Conexión antes que corrección
La crianza sí implica enseñar, poner límites y corregir. Pero quizá una de las preguntas más útiles sea esta:
¿Este es un momento para corregir o un momento para conectar?
Porque muchas veces, cuando un niño se siente seguro y conectado, está mucho más disponible para escuchar después.
Y quizás hoy tu hijo no necesita otra explicación. Quizás necesita cinco minutos contigo… jugando.
Compartir
Dimas E. Villarreal P.
⚡️Psicólogo Clínico de niños y adolescentes/ Terapeuta
🖍Psicopedagogo
🤖Terapia de Juego
#HoyfuialPsicologo


